sin ánimo de polémica y con el debido respeto a vuecencia,

22 03 2010

 Desconozco con qué intención, ¿innovar, ensalzar, solemnizar los desfiles y ritos religiosos populares o simplemente un espectáculo más?, la Semana Santa de Molina de Segura ha añadido un nuevo desfile –como define el Ayuntamiento en su web (“…y el desfile desde la Plaza del Ayuntamiento hasta la Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción”) 

Es un desfile ¡de los miembros de la Corporación! (sólo de algunos). El alcalde y las señoras y señores concejales van “escoltados” y protegidos por una formación en dos filas paralelas de tamborileros ¿o tamboristas? (disculpen mi ignorancia, me quedé en lo de percusionistas).

Se parece más a los desfiles de las guardias pretorianas romanas, a escuadrones protegiendo sus dueños, a las medievales de los reyezuelos o nobles potentados, al estilo de las modernas guardias pretorianas de los estados fallidos o incluso de la que se rodeó el Presidente Yeltsin, eso sí, con otros tufos y menos lustre. 

El “Poder”, y quienes se definen como tal, siempre ha gustado de esta liturgia y estética pretoriana,

reflejar la ostentación del privilegio de la escolta, al ritmo y sonido de los tambores,

avisarnos de que los tambores protegen a un ser poderoso, necesario, que requiere ad-miración, el pueblo espera y se asoma a ver pasar “el Poder”.

Los desfiles, además de mostrar las virtudes y la superioridad del victorioso (no conozco desfile alguno de la derrota) y de exhibirse al derrotado, humillándolo, son una forma de recordar quién posee el control completo sobre las actividades sociales. Esto supuso, en otro tiempo, un tenso enfrentamiento entre la corona y el poder de la Iglesia.

 Extraña en 2010 estos inventos de desfiles. Las procesiones fueron originalmente celebraciones comunitarias que incluían a todas las clases sociales, aunque estuvieran bajo la custodia y patrocinio de las burguesías. Las autoridades, como reza un escrito de 1605, estaban en las procesiones para otras cosas: “El corregidor o alcalde de corte iban al final de la procesión, para que no sucedan desórdenes”. En los desfiles procesionales religiosos suele verse a autoridades civiles y militares, incluso educativas, desfilar en “la cola”, acompañando a los representantes de la iglesia.

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